
UN DEBUT MUY PROMETEDOR
Cuatro matemáticos reciben una extraña invitación para resolver el enigma más fascinante de todos. Acuden sin dudar a la cita, que se celebrará en una especie de hangar industrial destartalado que, para su sorpresa, alberga en su interior la confortable habitación que da nombre al film, en la que son recibidos por su anfitrión, Fermat. Cuando éste ha de ausentarse, descubren que si no resuelven una serie de acertijos, la estancia menguará progresivamente hasta aplastarlos irremediablemente.
Con referencias a películas como “Cube” (por el tema del espacio cambiante) o “La Huella” (por el tema del espacio único), esta ópera prima de Luís Piedrahita y Rodrigo Sopeña sorprende por su trabajado guión, su magistral gestión del tempo y la tensión, y su conseguido montaje. El argumento de la película en si se plantea ya como un enigma en si mismo; además, tanto la trama -repleta de inesperados giros y de dobles juegos entre los personajes-, como el montaje -que se sincroniza a la perfección con la historia y que recorre cada ángulo de la habitación donde se desarrolla casi la totalidad de la narración-, están trabajados con un esmero digno de reconocimiento.
También es admirable el trabajo del elenco; aunque en su mayoría son conocidos actores de la pequeña pantalla, huyen del encasillamiento que podría haberles constreñido para llevar a cabo una interpretación loable en la mayoría de los casos. Mención especial para el siempre increíble Lluís Homar.
La tensión está acertadamente dosificada entre todos los personajes: van tomando parte en los enigmas matemáticos que se van planteando a lo largo de la película, individualmente o en pareja; pero, a la vez, los que en aquél momento no se dedican al enigma planteado van desgranando la verdadera incógnita que les ha llevado a participar en este juego mortal: qué está pasando realmente y por qué les está pasando a ellos. Y en este contexto acelerado y nervioso, uno de los grandes aciertos de “La habitación de Fermat”: los pequeños aguijonazos humorísticos, que caen con gran inteligencia y espontaneidad, relajando, siquiera durante unos instantes, la aventura.
“La habitación de Fermat”: fresca, recomendable, una vuelta de tuerca del cine español.






